En diez días, Embalse Puclaro incorporó casi 16 millones de metros cúbicos y La Laguna acumuló 5,60 metros de nieve nueva


El histórico sistema frontal que afectó a la Región de Coquimbo durante julio no solo dejó importantes daños en infraestructura y conectividad, sino que también marcó un punto de inflexión para la disponibilidad de agua en la cuenca del río Elqui. 

Entre el 15 y el 24 de julio se nota una importante recuperación del principal embalse de la provincia y en la recarga de nieve en la cordillera, que será fundamental para el abastecimiento de los próximos meses.

De acuerdo con los registros de monitoreo de la Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus Afluentes (JVRE), durante ese período el volumen almacenado entre los embalses Puclaro y La Laguna pasó de 33,27 a 49,25 millones de metros cúbicos, lo que representa un incremento cercano a los 16 millones de metros cúbicos de agua.

Sin embargo, detrás de esa cifra existe una realidad distinta para cada embalse. Mientras Puclaro respondió de manera casi inmediata a las lluvias y al aumento de los caudales, La Laguna continúa almacenando gran parte del aporte en forma de nieve, la que recién comenzará a transformarse en agua durante el proceso de deshielo.

Puclaro registró el mayor aumento desde el inicio del evento

La respuesta más evidente ocurrió en el Embalse Puclaro. Antes del sistema frontal almacenaba poco más de 24,3 millones de metros cúbicos y, al término del período analizado, superaba los 40,2 millones. En términos prácticos, el embalse incorporó cerca de 16 millones de metros cúbicos de agua en solo nueve días, aumentando alrededor de un 8% de su capacidad total.

Aunque la cifra puede parecer difícil de dimensionar, equivale a casi 16 mil millones de litros de agua, volumen suficiente para reflejar la magnitud del aporte que dejaron las lluvias en la cuenca.

El mayor ingreso se concentró el domingo 20 de julio, cuando Puclaro aumentó su almacenamiento en más de cinco millones de metros cúbicos en una sola jornada. Ese mismo día el caudal que ingresaba al embalse alcanzó los 61 metros cúbicos por segundo, es decir, aproximadamente 61 mil litros de agua cada segundo. La intensidad de ese aporte estuvo directamente relacionada con las precipitaciones registradas en el sector, donde durante esa jornada se acumularon 60 milímetros de lluvia.

Tras el paso del frente, los caudales comenzaron a descender progresivamente. No obstante, el 24 de julio todavía ingresaban más de seis metros cúbicos por segundo al embalse, una cifra muy superior a la observada antes del evento meteorológico.

La verdadera reserva quedó en la alta cordillera

Mientras Puclaro aumentaba rápidamente su volumen, en el Embalse La Laguna la situación fue completamente distinta. Su almacenamiento prácticamente no presentó variaciones durante el período, aumentando poco más de once mil metros cúbicos. Lejos de interpretarse como una falta de aporte, este comportamiento responde al funcionamiento natural de la cuenca.

La mayor parte del agua precipitada en la cordillera cayó en forma de nieve, quedando almacenada temporalmente antes de convertirse en escorrentía. Los registros muestran que el espesor de nieve en el sector del Embalse La Laguna pasó desde apenas 25 centímetros antes del sistema frontal hasta alcanzar 5,85 metros al 24 de julio.

En otras palabras, durante esos días se incorporaron 5,60 metros de nieve nueva, siendo el 20 de julio la jornada más intensa, con 1,50 metros acumulados en solo un día. Esta reserva constituye una de las principales fuentes de abastecimiento para la cuenca durante la primavera y el verano, ya que alimentará gradualmente los ríos conforme aumenten las temperaturas.

Un evento que transformó la cuenca

Las precipitaciones acumuladas reflejan la magnitud del fenómeno meteorológico. En el sector de Puclaro, la lluvia pasó desde apenas 0,4 milímetros registrados antes del evento a un acumulado de 209 milímetros al 24 de julio. Esta gran cantidad de agua generó un aumento sostenido de los caudales, los que posteriormente permitieron la rápida recuperación del embalse.

En la cordillera ocurrió un proceso diferente. Allí la precipitación quedó retenida en forma de nieve, conformando una importante reserva estratégica que aún no se refleja completamente en los volúmenes almacenados.

El monitoreo continuará durante los próximos meses

Concluido el sistema frontal, el comportamiento de la cuenca entra ahora en una nueva etapa. Los especialistas deberán seguir de cerca la evolución de la reserva nival, el comportamiento de los caudales y las temperaturas, ya que serán esos factores los que determinarán cuánto de esa nieve terminará incorporándose efectivamente a los embalses y cursos de agua.

Para la Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus Afluentes, este seguimiento será clave para evaluar el aporte real que dejó el evento meteorológico y planificar la administración del recurso hídrico de cara a la próxima temporada.

Aunque Puclaro ya evidencia una recuperación significativa, el mayor beneficio para la cuenca podría observarse durante los próximos meses, cuando el deshielo comience a liberar la enorme cantidad de agua que hoy permanece almacenada en la cordillera.

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